Desde el Mulhacén (subiendo).
Es, siento, como inmolarse en las ausencias de los amores perdidos, de los irredentos. Un suicidio lento, agónico, vivido.
Momentos, pausas, en los que la vista se detiene en lugares, en miradas, en almas; fuera y dentro.
Ahora veo la piel ajada, en mis manos; ya las de mi abuelo, las de mi madre, las del infierno, las de la muerte, las de la nada. Piel vacía, piel seca, piel inerte. |
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