una aurora callada.
Nada fue nada.
Momentos, pausas, en los que la vista se detiene en lugares, en miradas, en almas; fuera y dentro.
Ulises puede ver y oír. Y por ello. Ulises se aferra al mástil por voluntad propia. Quiere llegar a su destino, hacer su viaje, terminarlo; atravesar la bruma y la seducción de lo fácil, de lo cómodo, de lo aparente, de la nada, para llegar a la Verdad, a Ítaca, a Penélope. Se niega al espejismo y al hechizo de las sirenas y sus cantos, para no apartarse de su camino, de lo que es de verdad, de lo que es importante.
“Saudade”, bellísima palabra portuguesa, es el sentimiento del recuerdo melancólico de una alegría ausente pero que puede retornar en el futuro. Es, también, sentir que formas parte de algo, y que ese algo forma parte de ti, echarlo de menos incluso antes de perderlo de vista, tenerlo presente en cada momento de tu vida, y que el corazón se te encoja al verlo y vivirlo de nuevo. Uno de los más hermosos sentimientos.
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