¡El futuro del país!
Hace 11 años
Momentos, pausas, en los que la vista se detiene en lugares, en miradas, en almas; fuera y dentro.
Es como ser mudo y susurrar palabras en la noche. No hay quien te oiga, nadie te escucha. Es inútil. Sordos en un mundo de ruidos, de ruidos que no dicen nada, de ruidos que dañan, pero con los que la estupidez humana baila. El "hombre nada" siempre lo es, a veces no lo ves, se oculta, se tapa, pero siempre reaparece.
Llueven ascuas encendidas de un cielo que hierve sobre las cabezas raídas de un mundo poblado por personas con mortajas vestidas, la mirada en el asfalto, ausentes, idas, perdidas en historias absurdas, mezquinas.
Ulises puede ver y oír. Y por ello. Ulises se aferra al mástil por voluntad propia. Quiere llegar a su destino, hacer su viaje, terminarlo; atravesar la bruma y la seducción de lo fácil, de lo cómodo, de lo aparente, de la nada, para llegar a la Verdad, a Ítaca, a Penélope. Se niega al espejismo y al hechizo de las sirenas y sus cantos, para no apartarse de su camino, de lo que es de verdad, de lo que es importante.
A veces nos equivocamos en nuestro deseo de amistad, sobre todo con las "amistades vámpíricas", las que nos succionan el alma, aparentando ser sin ser; sólo hay que mirar su recorrido vital para conocer, pero son tan taimados. Como dice Plutarco, "no necesito amigos que cambien cuando yo cambio, y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mejor". Por eso gstamos excesivas sonrisas con la gente inadecuada. Y es que nada es tan tremendamente fácil como no engañarse.
Dijo un poeta “… te quiero no por quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo…”|
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